Marcelo Javier Bronstein
Niño Pobre.
Niño pobre Tus deseos inconclusos se acumulan en las puertas de tu mente sufrida, ya harto de incomprensión observas a tus compañeros de escuela ostentar sus cosas no adquiridas y tú tienes la prioridad de paliar el hambre entre improvisaciones de platos repletos de ilusión y sabores soñados. Tu mente cual embalse congestionó los deseos atorados de insatisfacción. 19/5 |
El holograma tangible
Las vidrieras que enumeran imposibilidades a destajo relucen inalcanzables incluso con su nariz rozando el vidrio y sus ansias acariciando las texturas y calzando los objetos en el sueño de sus deseos, estén los comercios despoblados de soledades o desérticos de multitudes, la joven madre carga a su hijo de meses en un brazo mientras que con el otro se concentra en acopiar cartón desechado por inservible para quienes se alimentan algunas escalas arriba de su subsistencia costosa y bien habida a impulsos de carros de caño soldado de 1' y ruedas rodado 16. Pasa sus duras jornadas al acecho de las miradas ruines quienes se atocigan de desprecio y marginación hacia el pobre que se revuelca en los desperdicios de los hambreadores de salario básico, de explotación siniestra y de aportes esquivos o mentidos a favor propio. La gente se insulta al discriminar mientras depositan el cuereo en el otro y no en sí mismos. Sus suaves manos se convirtieron en ásperas ante la erosión del cartón, sutil corrosivo ante sus circunstancias de horizontes cercanos. Llega a su recorrido al promediar el horario comercial y cuando los negocios alcanzan el final de su jornada, observa a sus empleados sonreir distendidos y regresar a sus hogares con sus atuendos relucientes y ve también a los jefes con su entrecejo fruncido refunfuñando constantemente e incluso llega a perecerle que el bolsillo lleno, o mejor, la avaricia desmedida, enceguece a los jerárquicos a no poder observar más que pérdidas y ganancias en todos los aspectos de la vida; no todos son apáticos, otros son arrolladores por demás, con su sonrisa de porcelana y sus costosas aromatizaciones evidencian creerse superiores a todo ser vivo, denotando ostentación de sus bienes, lo que los encasilla en una de las más ruines bajezas. Su estimulación temprana al trabajo, le enseñó a priorizar sus objetivos, pero hace ya años que cada día comienza con el mismo objeto a cortísimo plazo y no siempre alcanzable, el lograr el ansiado y huidizo plato de alimento que se escabulle entre la baja en la cotización del cartón, el alza en los precios y la desmedida competencia del oficio enjendrado en pleno menemismo y nacido al final de la mentira del 1 a 1 que nos obnubiló de espejos de colores. Sus bolsillos se acostumbraron a ser un juntadero de pelusas en su agónico transcurrir de ayunos forzados de billetes y monedas esquivos. Emana orgullo por yugarla a diario en pos del sustento de su hijo en pleno desarrollo y el propio. Indaga en su adentro al observar y observarse entre las paredes rudimentarias de chapa y parche, de techos sostenidos con neumáticos en desuso y cascotes o adoquines y cablerío en riesgoso tendido y se siente rica porque no es esclava de ninguna sustancia o fanatismo que la enceguezca, sencillamente es autocrítica y sabe que los obstáculos nacieron para ser esquivados con un esfuerzo que le engrandecerá su fortaleza al esforzarse para superarlos. Así llega cada noche a su aposento, con las manos cansadas pero limpias de honradez y dedicación; será por eso que cada día amanece con el canto del zorzal y de buen humor, para prepararse unos mates mientras disfruta de observar a su hijo al dormir y luego jugar con él en paz consigo misma. ¿Dónde estará ahora, qué barrio la observará en penumbras trabajar en compañía de su hijo en brazos o en su cochecito deteriorado de encuentro fortuito? Su fuerza, que nace desde el alma, le empuja ambos vehículos a la par hasta el centro de acopie, donde se fundirán en uno solo hasta arribar a su palacio de lata, su paraíso con goteras en el país de la depredación. No hay día en que se quede sin salir, porque su sustento es corto; tal vez, los sábados vuelva unas tres horas antes o cuatro a lo sumo, ante la reducción de la jornada comercial y que la gente saca menos sus desechos. Los domingos, suele comenzar a girar cerca de las seis de la tarde. Un viejo y fiel perro, de pequeña contextura y pelo raído, se apegó a sus pasos constantes desde hace ya casi un año y se alimenta en su compañía de lo que aparece y de lo que encuentra. Es devota de cada amanecer, al abrir los ojos, una alegría brota de sus poros y la desborda de entusiasmo por despertar para seguir luchando y disfrutar de todo lo que está a su alcance. 18/4 |
Ceguera
El barrio, repleto de almohadas cumpliendo con su función, arrullando los sueños y deseos incumplidos de la clase obrera, donde el común de la muchedumbre descansa a la espera de otra jornada agotable en el cuerpo y en el tiempo. Tras las cortinas, persianas y ventanas, resplandecen los televisores en las habitaciones colmadas de ronquidos y algún que otro desvelado atemporal. Sombras de impulsos sexuales en unión se imprimen contra las cabeceras de dos plazas a la luz de la pantalla. Incluso las mascotas descansan exceptuando a los gatos hogareños que se entremezclan con los callejeros en unión de estilos de vida. Los jardines, permanecen en penumbras o bajo la tortuosa luminaria debil de luces de bajo consumo que infringen una molestia visual desapercibida para quien la enciende. Hacia la calle, los autos descansan en la acera de su habitual ronda entre cunetas, baches y adoquín; alguna escueta silueta se escabulle entre las sombras y las valdosas flojas, delatoras del andar desapercibido entre las sombras. Los perros callejeros duermen en zaguanes esquivados por la invasión de rejas e indigentes forzados. Los siniestros transeúntes de sus circunstancias ruedan en constante decepción hacia su ocaso en abismal caída y se mueven impulsados por el paco, combustible radiactivo que detona en sus mentes y en sus víctimas involuntarias y anónimas, perplejas ante sus jóvenes reacciones crueles e impiadosas, mientras siembran luto a su paso, un monstruo invisible corroe su apetito voraz de desechos tóxicos e imprime en sus neuronas una marca que los condena y los condenará al submundo del nuevo imperio mundial de los estupefacientes y su servidumbre. Todo objeto tiene el rostro de su horizonte esquivo, al que alcanza para perseguir constantemente mientras su conciencia se esfuma… Ya rondando la cercanía del amanecer, el zorzal esgrime su canto y lo transforma en pinchazos el cerebro corroído y en grandes cuotas de odio para motivarlos a encontrar refugio en lugares lúgubres o en los túneles del subterráneo repleto de humedad y hedor pestilente con las horas, pero imperceptible para su vestimenta de muerte. 16/4 Me incinero en congeturas para suplir tu escasez quiero saber cómo es para conquistar fortunas. 16/4 La tarde cae em tornasolados cielos, la corriente vehicular circula en lenta fluidez e ilustra el aire de cálidos colores y las bocinas parecen inaudibles ante este magnánimo momento de cromatismos que se complementan en el aire y con el aire mismo. 16/4 Mi certeza me desborda de rabia y desazón ante la ausencia de patacón agoniza mi bolsillo. 16/4 El semáforo en su circuito de colores vio junto a la desolada plaza al indigente rebozado en vino berreta en su interior, pretendiendo ahogar sus imposibilidades. 16/4 La sangre me hierve ante el calor radiactivo y me exulta lengüetazos de clasificaciones justas y se focalizan en el objeto agresor que se cree impune. 17/4 |
Transmutaciones
En el mundo imaginario, los imposibles son esquivos como tales y las certezas, imposibles en su utopía ficticia; es cuando la realidad es intangible y lo onírico certero. Entonces los imposibles no son verdaderos mientras sueño mis sueños y pateo el tablero. 15/4 |
Despojo
Viajo en el proceso creativo mientras me transporto y me transporta el 97, conducido por el chofer, quien sigue órdenes para obtener la respuesta de su sueldo y su estabilidad laboral al finalizar el mes; transcribo mis pensamientos procesados y veo en la magnificencia de mi pequeña hoja tamaño A4 con espirales a un pequeño insecto de 2mm, acerco la hoja a mi mirada, como para confirmar que no es un piojo, y veo que se trata de una hormiguita. Tras un certero golpe de mi imaginación, me pregunto si estará asustada al ver mi cabeza de planeta acercarse desbocada, atraída en apariencia por la fuerza de gravedad del cuaderno en que ella se encuentra mientras observa impávida… la veo, creo que también me observa pero sabe disimular con sangre de pato mientras sigue en su movimiento calmo. ¿Sabrá que nada pienso hacerle?, ¿o estará resignada ante sus posibilidades? Ahora la inquietud me abruma, me surge la dicotomía existencial sobre mi desición sobre su destino, como si fuese el interlocutor del azarozo futuro que se avalanza sobre nuestro proceder, el mío y el de la pequeña, que pesa sobre mis manos y mi pensamiento. Todo cambiaría si osara picarme y, en defensa ante su descaro, articularía un crimen en defensa propia… pero no, prefiere resguardarse en una actitud pacifista. Ahora me pregunto si querrá que la suelte aquí, dentro de la unidad, donde tal vez se vaya en alguna suela Febo hacia hormigueros inexpugnables que en ningún mapa hormigueril figura; o preferirá que la libere hacia la calle, donde estará a la deriva con riesgos de irse a la fuerza en los canales de algún neumático del 141 hacia Plaza Italia mientras no sea convertida en paté. También puede que el colectivo le pase por encima y quede entre las piedritas del pavimento y salga ilesa tras los pasos de tremenda mole ruidosa y contaminante. Aunque quizá emprendió un camino solitario en la búsqueda de sí misma y salió a recorrer el mundo. Ante la supuesta violencia de caer a la acera, opté por soplarla hacia adentro del bondi y la pobre voló, desalada desde su cuerpo invertebrado. ¿Cuando una hormiga cae desde un par de metros, sabe volver?, ¿a qué distancia llega a ver? Ahora me corroe el pensamiento el saber cómo llegó aquí… si es que cayó de un árbol tras un traspié o una lucha… o de un lugar x cayó a mi cabeza y de mi mate a la hoja… o si el colectivo es un hormiguero movil… o se tiró intensionalmente… hasta quizá estuvo dando vueltas desde vaya a saber cuándo entre Constitución y Morón… También cabe la posibilidad que estén en mi casa trillones de hormigas reproduciéndose y comiendo todo y cuando vuelva sólo queden restos de mis certezas materiales. Luego de esta inquietud me agarró una ansiedad de bajarme para ver si está todo en orden en mi hogar, el cual dejé hará 15’, ¡no sea que mi perro se quede dormido y se convierta en almuerzo para estos seres devastadores! ¡Ya sé, de seguro es una espía y me están observando para actuar en consecuencia!, según lo que le haga serán codescendientes con mi actitud… ya me imagino dónde oculta su cámara, en esa antenita izquierda que parece ser más grande que la otra… pero trataré de disimular mi descubrimiento y me encubriré en observar hacia afuera y simularé escribir pensamientos trascendentales que conmuevan a la Humanidad, pero ocultaré la hoja y miraré hacia otro lado, no sea que lea lo escrito desde una lectura directa o al observar mis pupilas que reflejan mis trazos, cuando en realidad estoy transcribiendo estos hechos para que queden pruebas de su plan asesino, donde me quieren enloquecer y encerrar en el Borda para apoderarse de todas mis creaciones y dirán que son ellas las artífices de la obra y yo, sin defensas. ¡Espero no sepa o no pueda oir mis pensamientos, si es que puede, estoy en el horno! Me haré el dormido, para dejarle la libertad de su desición y que vea mi actitud no revanchista. ¡La realidad me desborda y hormigas gigantes me devoran los pasos y mis extremidades tras mis gritos ensordecedores en medio del desierto donde solamente me acompaña el viento con su clamor solitario… mi rastro ensangrentado se convierte en mostaza y soy la salchicha para estas hormigas voraces! A lo lejos, la autopista transporta seres humanos en cintas sinfín despojados de todo vehículo en grandes mangas de acrílico que los abstrae de la visión de este desierto con publicidades realizadas en hologramas y en temperaturas agradables, lejos de las extremas del este lugar y de mi pedido de socorro. Mi agonía es inminente, a pesar de ver multitudes obnubiladas pasar a unos 100 metros de mí; vienen a mi recuerdo momentos vividos en toda mi existencia, que tenía guardados para un momento final como éste, desde niño o incluso antes de nacer… Ya las respuestas a mis necesidades no serán oídas por más garra que intente poner… mis fuerzas se agotan y con ellas mis esperanzas que dan paso a mi resignación y mi entrega al porvenir incierto, pero lejos de este mundo que creí conocer algo. ¡De pronto oigo aplausos, alguien parece tener todavía conocimiento de la actitud solidaria y no cayó en la adicción al consumismo banal!, no confío en mi oído, luego de tanto dolor y rechazo… pero los aplausos son cada vez más cercanos… y yo que no les creo. Como un terremoto llegó un movimiento brusco, salvaje y me creí estar cayendo hacia las entrañas de la tierra, más precisamente entrando al infierno, tembloroso y colmado de calor que brota por mis poros y mi entorno. El mismísimo Lucifer me habla ya harto de mi ignorancia intensional, y me invoca respuestas diciéndome “¡Eh, flaco, llegamos!”, mi susto me ocasiona temblores y más sudor, pero en este caso, sudor helado. “Tomá, se te cayó el cuaderno, bajate que tengo que laburar” y yo, enfrento mis temores y abro los ojos y veo a los marginales rodando carros repletos de sudor y cartones, a los mendigos revolcados en las sombras bañándose en tetrabrick por dentro y sigo pensando que es el infierno, pero veo hacia el otro lado y descubro a la estación Constitución y caigo en la conclusión que llegué a destino luego de dormirme y el supuesto Belcebú es simplemente el chofer que tiene que regresar a Morón; observo mis extremidades y descubro con placer que se encuentran en perfecto estado de integridad y no existen rastros de mordidas en mi cuerpo ni de pisadas gigantes ni nada que me ocasione temor más allá de lo acostumbrado. Tras reaccionar, huyo raudamente antes que la hormiga en cuestión me siga y me escabullo entre la multitud enceguecida. Comprendo finalmente que mi sugestión fue la que me dominó y me apiado de la hormiguita, disparadora de sensaciones. ¿Hacia dónde irá en su destierro de ausencias?, ¿podrá vivir más allá de su terruño, lejos de los túneles que supieron darle amparo y reproducir su alimento? La vida se colma de infinidad de preguntas sin respuesta y pasan algunas sin más, como los segundos se suceden y a pocos de ellos les toca el azarozo destino de trascender, positivos o negativos. Al regreso, no tomaré el 97, ya nunca más, ni de ida, ni de vuelta. No es por nada… solamente que no me gusta el recorrido… 9/2/2009
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OBRAS DE ALUMNOS DE LA PLÁSTICA MARTA GRIMALDI.
BRENDA CERALDI
Lucas Basualdo
19 años
Obra: "Despues de la euforia"
Técnica: Acrilico sobre madera
EL SUEÑO DE UN ÁRBOL HABIA UNA VEZ, UN ÁRBOL QUE ESTABA EN EL MEDIO DEL BOSQUE, ERA UN ÁRBOL HERMOSO, FRONDOSO, SUS RAMAS FORMABAN UNA COPA GRANDE Y ALTA. EL ÁRBOL SE PASABA HORAS HABLANDO CON SU AMIGO, EL VIENTO, EN SU HABLAR, LE CONTABA LOS SUEÑOS QUE TENÍA, Y MIENTRAS LOS RELATABA A SU AMIGO, LA EMOCION LLENABA SUS DIAS, LOS PAJAROS QUE HABITABAN SUS RAMAS, SALUDABAN EL AMANECER CON SUS TRINOS TAN ARMONIOSOS. ADEMÁS, LOS RAYOS DEL SOL CALENTABAN SUS HOJAS Y RAMAS, Y CUANDO LLOVIA LAS GOTAS LO BAÑABAN TODO. EN SU TRONCO VIVÍA UNA FAMILIA DE PÍCAROS DUENDES, ELLOS QUERIAN MUCHO AL ÁRBOL, PUES ESTE LES DABA SEGURIDAD PARA PODER VIVIR FELICES. LOS DUENDECILLOS ESCUCHABAN DIARIAMENTE LOS DESEOS QUE EL ÁRBOL LES CONTABA AL VIENTO, AL SOL, A LA LLUVIA, EL QUERIA EMITIR SONIDOS TAN ARMONIOSOS COMO LOS QUE ESCUCHABA DE LOS PAJAROS, DESEABA PODER CAMINAR, MOVERSE Y RECORRER LOS CAMINOS DE LA PATRIA, ESTA PATRIA ARGENTINA QUE EL ADMIRABA, PERO TAMBIEN CONOCER OTROS LUGARES, VER OTROS HERMANOS DE DISTINTAS ESPECIES, QUERIA CONOCER, DESEABA APRENDER. ES ASI, QUE DE TANTO ESCUCHAR LOS DESEOS DEL ÁRBOL, LOS DUENDECITOS DECIDIERON CUMPLIRLE EL SUEÑO A ESE ÁRBOL TAN ROMANTICO Y GENEROSO, QUE POR CIENTOS DE AÑOS LES HABÍA BRINDADO DENTRO DE SU TRONCO UN LUGAR DONDE VIVIR SEGUROS Y FELICES. HABLARON CON UN HACHERO Y LE PIDIERON QUE TALARAN ESE ÁRBOL TAN GRANDE Y ANCIANO, PERO LE DIJERON QUE SU MADERA FUERA PARA HACER GUITARRAS, DE ESTA FORMA EN LAS MANOS DE NUESTROS CANTORES Y PAISANOS, EL ÁRBOL PODRÍA CANTAR, RECORRER, VIAJAR, CONOCER. ASÍ EL SUEÑO DEL ÁRBOL YA HECHO GUITARRA, PODRIA SER UNA REALIDAD DE NOTAS MUSICALES, SIMILAR A LOS TRINOS DE LOS PAJAROS QUE HABITABAN EN SU COPA Y VIAJAR POR LOS CAMINOS DE NUESTRA PATRIA, ES POR ESO QUE CUANDO UNO ESCUCHA EL SONIDO DE UNA GUITARRA BIEN TEMPLADA, ES QUE ESTÁ ACOMPAÑADA POR EL GORJEO DE TODOS LOS PÁJAROS, Y UN DUENDE VIVE DENTRO DE ELLA. ASI, CUMPLIÓ EL SUEÑO ESTE ÁRBOL TAN ROMANTICO, DÁNDOLE LA POSIBILIDAD AL HOMBRE DE NUESTRA TIERRA DE CANTAR SUS CANCIONES, ACOMPAÑÁNDOSE DE UN SONIDO TAN ARMONIOSO. EL GAUCHO QUIERE TANTO A SU GUITARRA COMO A LA MUJER QUE AMA, ES ASI QUE ESTA LO ACOMPAÑA EN RUEDA DE FOGONES, EN FIESTAS Y SERENATAS, EN REUNIÓN DE AMIGOS, DONDE CORRE EL MATE O UN VASO DE VINO; Y ES ASÍ, QUE NUESTRA ÁRBOL VIVE FELIZ, CUMPLIENDO SU SUEÑO. LIDIA ALBA FANTONI VIRREY DEL PINO - LA MATANZA Nacida en Colón, Pcia de Entre Ríos, ama de casa. Actualmente vive en Virrey del Pino, La Matanza, donde es colaboradora de entidades de bien público de Virrey del Pino, miembro de la Comisión Directiva de la BIBLIOTECA POPULAR MADRE TERESA. Poeta y escritora, participa de encuentros poéticos y ha publicado en BiblioLetras sus poemas y cuentos. |
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El maestro Luis Galard, nace en la ciudad de Buenos Aires, Fotos de la representación "Mi nombre es Lázaro" |